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16/11/2023 | 3 minutos

Sesgos cognitivos

Gestión de finanzas: ten cuidado con los sesgos cognitivos

Gestión de finanzas: ten cuidado con los sesgos cognitivos

Se llama sesgos cognitivos a las interpretaciones erróneas y sistemáticas en el procesamiento de la información. Uno de los motivos son los atajos que a menudo generan automatismos que nos ayudan a reaccionar bien y más rápidamente. Sin embargo, los sesgos también pueden generar frenos en diferentes ámbitos. Uno de ellos es el ahorro.

¿Te has parado a pensar por qué nos resulta tan difícil ahorrar? ¿Por qué la mayoría de las personas que se hacen millonarios en un juego de azar acaban arruinadas? ¿Y si el origen del problema estuviera dentro de nuestra cabeza?

10 sesgos cognitivos que dificultan nuestro ahorro

La economía conductual, cuyo principal referente es el economista y premio Nobel Richard Thaler, parte de una premisa sorprendente. Consiste en plantear que las personas no somos tan objetivas, racionales ni listas como creemos al decidir sobre nuestro dinero. Precisamente, los sesgos cognitivos nos provocan estas carencias. ¿Quieres saber cuáles son los principales?

1. Buscar la recompensa inmediata

Automáticamente, tendemos a perseguir la recompensa inmediata, en lugar de actuar a largo plazo. Es lo que se conoce como sesgo del presente. Así, nos cuesta mucho asumir sacrificios hoy para obtener beneficios futuros. Según los expertos, es uno de los motivos por los que fracasamos al adoptar una dieta sana, comenzar a hacer deporte o... empezar a ahorrar.

¿Cómo compensarlo? Obligándonos a pensar bien antes que rápido. Y anticipando al presente los beneficios futuros.

2. Perder duele mucho más

Se conoce como aversión a las pérdidas el sesgo que nos genera un miedo a la pérdida. ¿Sabes que lamentamos 2,5 veces más lo que perdemos que la alegría que nos produce una ganancia equivalente? Así, tendemos a arriesgar menos para evitar esa sensación tan negativa. Y, claro, al intentar ahorrar perdemos un buen número de oportunidades de rentabilidad por pusilánimes.

Si eres consciente de ello, seguramente empezarás a tomar mejores decisiones al invertir.

3. El origen determina el valor del dinero

¿Crees que 30 euros siempre valen lo mismo? En realidad es así, pero tu cerebro lo interpreta de otro modo. Piensa en lo poco que te cuesta reinvertir esa cantidad cuando acabas de ganarla en una pedrea de la lotería. Sin embargo, gastarlos si proceden de tu nómina es mucho más doloroso. En este caso, somos más selectivos.

En lo posible, piensa de modo racional y ten claro que el valor no depende de la procedencia. Si te has encontrado un billete de cincuenta euros, su aportación es idéntica a cuando lo has ganado haciendo horas extras. ¡Desactiva este sesgo de la contabilidad mental en cuanto lo percibas!

4. Perseguir lo que se quiere encontrar

El llamado sesgo de la confirmación nos lleva a atender solo a lo que confirma nuestros pensamientos, expectativas o sospechas. Al hacer inversiones importantes o complejas, suele alterar tu percepción y te hace tomar decisiones erróneas. Revísalo todo bien antes de posicionarte.

5. Priorizamos el análisis inicial

¿Sueles desestimar la nueva información que recibes porque crees que es mejor la de tu primer análisis? Aunque no seas consciente de ello, seguro que lo haces. Nos ocurre a todos. El matiz se acrecienta cuanto más complejas y difíciles de asimilar son las informaciones novedosas.

Te puede ocurrir al adquirir una casa. Si tras el primer estudio lo has visto muy claro, te costará aceptar las contraindicaciones posteriores. Se conoce como sesgo de conservación y tienes que combatirlo.

6. Voy a necesitar menos

Nuestro cerebro tiende al optimismo irracional de forma omnipresente. Es especialmente aplicable en el ámbito financiero y económico. Tendemos a calcular a nuestro favor en todas las estimaciones. Casi siempre, y es lo más peligroso, sin ser conscientes de ello.

7. Influimos en lo aleatorio

Nadie controla los fenómenos aleatorios, aunque todos compartimos la ilusión de hacerlo. Es otro sesgo cotidiano: ¿por qué soplas los dados antes de lanzarlos, como si sirviera para conseguir la cantidad deseada?

Si te ocurre al invertir en bolsa, puedes creer que, por desearlo, las acciones elegidas se revalorizarán. Y quizás asumas riesgos superiores o no diversifiques correctamente tu cartera de negocio.

8. Conformidad y statu quo

Solemos mantener las cosas como están, frenamos los cambios. Quizás queremos salvaguardar nuestra zona de confort. Sea como sea, lo llevas haciendo desde pequeño: por eso sigues con la misma entidad bancaria, aunque no estás del todo satisfecho.

9. Dar importancia al último suceso

Se conoce como sesgo de la experiencia reciente: conlleva priorizar y considerar más lo último acontecido o recibido. Evítalo al realizar tus análisis económicos.

10. Efecto encuadre

Según cómo has recibido la información, la consideras más o menos valiosa. Si un futbolista de tu equipo favorito te recomienda una inversión en televisión, la verás con mejores ojos. Por lo tanto, sé precavido: puedes malinterpretar la información si no la estudias con calma.

¿Qué te parece? Conocer estos sesgos cognitivos que afectan al ahorro es una ventaja para desactivarlos. Toma tus decisiones financieras con calma y acertarás mucho más. Si lo necesitas, recurre al asesoramiento de especialistas en los que confías.

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