31/12/2025 | 3 MINUTOS
Inversión sostenible: es aquella que sigue criterios ambientales, sociales y de buen gobierno (ASG) en su proceso de inversión.
Inversión solidaria: es aquella que destinan una parte de la comisión de gestión a un fin social concreto.
Fondos comprometidos con la Doctrina Social de la Iglesia: además de criterios ASG, aplican exclusiones y valoraciones específicas alineadas con la tradición moral católica, incorporando principios como la dignidad humana, el bien común, la solidaridad o el cuidado de la creación (en relación a la naturaleza).
Mensura Bonam: documento publicado por la Iglesia publicó en 2022 que establece orientaciones para evaluar inversiones desde la óptica de la Doctrina Social de la Iglesia y tomar decisiones financieras éticas.
En los últimos años, los fondos de inversión sostenibles han ganado protagonismo como una de las principales puertas de entrada al ahorro responsable. Los ahorradores ya no se preguntan solo cuánto pueden ganar, sino también qué tipo de impacto generan sus inversiones. Para dar respuesta a estos inversores se crearon los fondos sostenibles.
Un fondo sostenible integra criterios ambientales, sociales y de buen gobierno (ASG) en su proceso de inversión. Su objetivo es invertir en empresas o proyectos que, además de ser financieramente sólidos, contribuyan al desarrollo sostenible en áreas como el medio ambiente, los aspectos sociales y la gobernanza corporativa.
Este enfoque parte de una idea fundamental: las empresas más responsables tienden a ser más sólidas, gestionar mejor sus riesgos y crear valor más estable a largo plazo. Por ello, los fondos sostenibles buscan compañías que:
No son fondos filantrópicos: su objetivo principal sigue siendo generar rentabilidad financiera, complementada con criterios de sostenibilidad.
Sin embargo, encontramos fondos que siendo sostenibles y manteniendo su objetivo de generar rentabilidad, sí tienen un componente filantrópico. Son los fondos sostenibles y solidarios.
Aunque a veces se confunden, no todos los fondos sostenibles son solidarios. Los fondos sostenibles seleccionan inversiones aplicando criterios ASG, mientras que los fondos solidarios destinan parte de la comisión o rentabilidad a un fin social concreto. Un fondo sostenible que destine parte de los beneficios de la entidad gestora a proyectos sociales será solidario además de sostenible. Es decir, son características que pueden coincidir, pero no necesariamente.
Recientemente hemos visto nacer un nuevo tipo de fondos que adoptan un enfoque más profundo en el aspecto social de su política de inversión. Se trata de fondos que integran la Doctrina Social de la Iglesia (DSI). Estos fondos representan una evolución del concepto de inversión ética, incorporando principios como la dignidad humana, el bien común, la solidaridad o el cuidado de la creación (en relación a la naturaleza). Además de criterios ASG, aplican exclusiones y valoraciones específicas alineadas con la tradición moral católica.
Para facilitar la utilización de estos valores en la selección de inversiones, la Iglesia publicó en noviembre de 2022 un documento llamado Mensuram Bonam (“Buena medida”), que establece orientaciones para evaluar inversiones desde la óptica de la Doctrina Social de la Iglesia. Proporciona principios, criterios de discernimiento y recomendaciones para la toma de decisiones financieras éticas.
Como en el caso de los fondos sostenibles o de los fondos solidarios, invertir según los criterios de Mensura Bonam no implica renunciar a la rentabilidad. De hecho, puede ser todo lo contrario. Invertir según estos criterios supone:
La evidencia académica muestra que las empresas con mejor desempeño ASG y mejor gobernanza suelen tener:
Por ello, un fondo que aplica Mensura Bonam puede ser más rentable porque evita malas prácticas empresariales estructurales y selecciona compañías más resilientes y mejor posicionadas para el futuro.
En conclusión, los fondos sostenibles, los fondos solidarios y los fondos basados en la Doctrina Social de la Iglesia comparten la intención de generar un impacto positivo, pero estos dos últimos ponen mayor foco en el aspecto social de la sostenibilidad y los últimos dan un paso más allá al incorporar una visión ética integral que busca unir rentabilidad, dignidad humana y bien común.
Lejos de suponer un sacrificio financiero, esta aproximación puede mejorar la calidad de las inversiones y generar beneficios más estables y sostenibles en el tiempo. Para muchos inversores, integrar Mensura Bonam significa invertir con coherencia, impacto y competitividad financiera.
No todo el mundo tiene las mismas necesidades, y queremos que encuentres la solución que mejor se adapte a tu situación.